Visto en www.chochitopelao.comAhora que, después de demasiados años de ruptura, los Smashings han decidido reunirse para volver a grabar un disco, el séptimo de su carrera, y el cual llegará según las última informaciones para Marzo del año que viene, creo que éste es un buen momento para recomendar algo de esta legendaria banda norteamericana liderada por el excéntrico Billy Corgan.
¿Y qué mejor para ello que este álbum doble, considerado como una de las piezas claves del rock de la década de los 90? A pesar de haber sido etiquetada desde siempre como una banda alternativa, este disco consiguió alcanzar el primer puesto en las listas de ventas de los USA, y el cuarto en las del Reino Unido. Y aún hoy, más de una década después de su publicación, sigue sonando tan sorprendentemente mágico como entonces.
Planteado según Corgan como una respuesta al inolvidable ‘The Wall’ dePink Floyd, este emotivo recorrido por las sensaciones humanas bien podría ser considerado como una continuación de aquella otra pieza maestra de los de Cambridge. Dividido en dos partes, ‘Dawn to Dusk’ y ‘Twilight to Starlight’, este disco resulta a un mismo tiempo homogéneo y variado, pues aunque encontramos canciones que comparativamente resultan completamente diferentes, al escucharlo todo de una tirada realmente lo sentimos como una unidad sonora en la que todas sus piezas encajan a la perfección.
Desde que damos al play y la primera pieza, del mismo nombre que el disco, empieza a desplegar una sencilla pero bellísima composición de piano, comenzamos a sentir que este álbum no es una mera sucesión de canciones, puestas una detrás de otra para resultar lo más atractivas posible. Aquí no hay complejas composiciones destinadas a despertar la admiración del oyente, ni estribillos pegadizos pensados para ser tarareados.
‘Mellon Collie…’ es mucho más que eso, es una de las plasmaciones sonoras más fieles que se pueden encontrar de la tristeza, la alegría, el amor, la rabia, el miedo y el resto de sensaciones que conforman al ser humano. Y cuando el disco termina, cuando este despliegue de instrumentos al servicio de los sentimientos llega a su fin, sólo queda melancolía (Mellon Collie se pronuncia igual que “melancholy”, en inglés).
Aunque sería injusto intentar extraer canciones sueltas de este disco, donde todo su potencial está en el conjunto, sí que es cierto que cuenta con ciertas piezas verdaderamente extraordinarias, que se han convertido en verdaderos himnos para una generación entera. Desde las sucias notas de ‘Zero’, hasta el bello universo de ‘Thirty-Three’, pasando por la onírica ‘Thru the Eyes of Ruby’ y la magistral ‘Bullet with Butterfly Wings’; sólo cuatro ejemplos dentro de veintiocho temas que dan forma a un disco sencillamente imprescindible.
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